Vuelve el clásico del electropunk nacional: se reedita el disco de Blas y las Astrales

Un auténtico hito de nuestra desvencijada escena electropunk (que siempre se ha tomado a sí mismo demasiado en serio o demasiado a chufla) , el primer y único disco de Blas y las Astrales vuelve con una merecida reedición después de que el CD original de la banda estuviera alcanzando precios desorbitados en el mercado internáutico de segunda mano: la gente de Fikasound, habitualmente especializados en música pop nórdica, recuperan esta maravilla casiotonera para las nuevas generaciones necesitadas de gilipollez en estado más o menos puro.

La escena electroclash patria, que luego acabó destilando en aquel horror sin parangón que fue el tontipop del que nosotros, desde luego, no vamos a escribir ni a promover una Historia Oral, dio antes de verse sumergido en la tontuna más o menos insufrible unos pocos frutos basados en la desvergüenza, la exhibición de incompetencia y el riesgo formal impremeditado. Combos como los primeros Ultraplayback, La Rubia Montoya, Los Focomelos, las tardías y algo resabiadas Biscuits Salés, los Putilátex dúo o Mini Pierna Extra (advertencia: en uno o más de estos grupos pueden haber militado miembros de CANINO) hacían de la cacharrería electrónica y el pareado surreal sus señas de identidad. Pero ninguno llegó a la cima artística de Blas y las Astrales.

Posiblemente los más desvergonzados de toda una escena (que sí, en efecto, también estaba saturada de gente con la gracia justita), Blas Chinchilla y sus tres Astrales grabaron un solo disco que, entre guiños a Kaka de Luxe, la composición de himnos inefables como Drogas durasMi vecina pasa heroína y mi novio le da mucho al opio / Mi abuela esnifa cocaína hasta por las trompas de falopio«) y vítores a lo más infecto (como El rap, que sin embargo exhibía descubrimientos líricos como «Me doy más importancia que una mona en un balcón«) facturaron un disco espectacular en su bramante necedad. Diez temas que lo mismo se marcaban unas ridículas polifonías que funcionan como secuela apócrifa del Bote de colón pegamoide que bramaban a tempo de hardcore de juguete lo de «Cómete tu diccionario, nunca veas el telediario / Vivan los analfabetos, me enamoran los catetos«. La reedición de Fikasound, especialmente asequible además, solo cuenta con una tirada de 100 copias. Comprémoslas todas y no dejemos que dentro de diez años los súbditos del pesado de Kayne West anden lucrándose vendiéndolas por ese páramo que va a ser la Internet del futuro.

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