What’s Our Age Again? – 20 años de ‘Enema of The State’, el disco generacional de Blink-182

Dos décadas desde que canciones como All the Small Things prepararan al mundo para el siglo XXI a base de letras sobre pedos y sexo con familiares. La frivolidad más grande en la música pasaba por no tomársela en serio y Blink-182 recogió el testigo punk de Green Day y lo llevó a los conciertos para todos los públicos, ventilando, de paso, el aire viciado de malditismo del grunge.

Se cuenta en los backstages del punk rock americano que Fletcher Dragge de la banda californiana Pennywise tuvo que convencer a Kevin Lyman, fundador del Warped Tour de Vans, para que permitiera tocar Blink-182, advirtiéndole de que «iban a ser gigantescos», mucho antes de que tuvieran ningún disco de éxito. Resulta sintomático que una de las figuras del hardcore más respetadas en la escena no se mostrara atacado por la actitud desenfadada de tres adolescentes. Antes del lanzamiento de Enema Of The State en 1999, el punk rock vivía todavía un ascenso gracias a Green Day y Offspring -que lucharon lo suyo con los puristas tras pasar al lado de las multinacionales- y se hacía un hueco entre las grandes audiencias gracias a fusionar elementos del pop de nuevo. Que no es otra cosa que lo que habían hecho los creadores de ese mismo sonido en Nueva York, Ramones, sin que su fórmula le lograra abrir las puertas de la radio.

Por aquel entonces, el hardcore y el punk rock empezaban a subdividirse en decenas de nuevas etiquetas y sonidos, pero todavía resultaba extraño hablar de pop punk, puesto que ambos términos juntos, para muchos, significaba un oxímoron. A pesar de todo, en 1999, Blink-182 irrumpió en la música como un cohete, explosionando sobre los últimos vestigios del grunge y los sonidos más oscuros residuales con una celebración de la estupidez juvenil en forma de gamberrada en la MTV. Tres chavales corriendo por las calles de Los Ángeles en pelotas, mientras sonaba un arpegio ultramelódico y una base rítmica que podría ser un medio tiempo de cualquier banda que practicara el estilo. Tres chicos tatuados, no excesivamente guapos, definitivamente monos, blancos como la leche, sonriendo contagiosamente como si hubieran hecho esa broma por las calles de su barrio residencial cada sábado por la mañana. Eran el payaso de tu clase, que caía bien a todos. El estribillo ofrecía algo que ya habíamos escuchado, pero de una forma completamente nueva. El riff de la mitad de Basket Case de Green Day, con un solo acorde cambiado de lugar, con el mismo ritmo y compás, con la voz acompañando al ritmo y un imborrable “nobody likes you when you’re 23”. Los 2000 ya tenían su himno generacional.

Crónicas de la uretra

Enema of the State era una mezcla de pop punk y más pop; cargado de singles exitosos y acompañado de mejores videos, vendió más de 15 millones de álbumes en todo el mundo, convirtiendo en lo que era poco más que una banda de instituto venida a más en el artefacto punk más comercial y conocido del planeta Tierra. Doce temas que significaron la absorción definitiva de un estilo por el mainstream, eliminando cualquier atisbo de vergüenza aprendida en una escena que ni les había defendido previamente. Aquí se viene a cobrar.

El formato de punk rock estaba ahí, pero no había ningún ánimo de predicar sobre política ni comprometerse con nada, ni tenían el más mínimo interés en agachar la cabeza por ello. Sus canciones hablaban sobre novias, exnovias, abusones, comer comida mexicana y vomitar en fiestas de casas de compañeros de universidad. Además de diarrea y pornografía. Para muchos, había nacido el pijo-punk.  

Blink-182 nació en Poway, California, en 1992, cuando la hermana del bajista, Mark Hoppus, le presentó al guitarrista Tom DeLonge, que tocaba en una banda llamada Big Oily Men, y, junto al batería Scott Raynor, comenzaron a tocar en el garaje de DeLonge bajo el nombre de Duck Tape. Sus primeros temas salieron tan solo bajo el nombre Blink. El sello local Cargo Music lanzó su primer disco, Cheshire Cat, en 1995, que aunque se le encuentre hallazgos y sea querido por los fans, es un despropósito de voces y estructura de temas.

Tras recibir amenazas legales de una banda irlandesa también llamada Blink, se vieron obligados a cambiar su nombre a Blink-182, que no tiene ningún significado particular. Con él lanzaron ya Dude Ranch, en 1997, ya todo un avance melódico y técnico que supuso que el mundo se los empezara a tomar en serio gracias al éxito de singles como Josie o Dammit, que llegó a aparecer en la serie Dawson crece (1998-2003). El álbum acabó vendiendo más de un millón de copias, pero nada hacía pensar que después lograrían crear una pieza tan redonda, bien equilibrada y pegadiza como Enema of the State.

Breve arqueología del precedente punk rock

Es difícil de explicar un fenómeno como ese disco con tan solo dos años de maduración. Las referencias musicales de la banda son muy diversas, pero el estado de gracia compositivo de los dos miembros principales les convirtió en una factoría de hits con una consonancia entre dos distintas voces creativas, inaudita en un power trío. Tom DeLonge afirma que aprendió mucho sobre estructuras melódicas de New Order, a quienes afirma haber escuchado mucho en el instituto. Tanto Tom como Mark Hoppus son devotos de Descendents, de quienes vampirizaron estructuras, progresiones rítmicas y, sobre todo, sentido del humor y versatilidad temática, puesto que cantaban sobre ser un marginado, comida basura y chicas.

Blink-182 evolucionaron dulcificando la fórmula del hardcore melódico de Bad Religion, Lagwagon y, en especial, NOFX, quienes, en su continuación a su disco estandarte Punk In Drublic (1994), ofrecieron una versión de sí mismos más suavizada en revoluciones, con un trabajo que podría ser Blink-182 a falta de dos cucharadas de miel. En Heavy Petting Zoo (1996) se anticipaban al humor con zoofilia que plagaría las bromas más bobaliconas de Blink, pero también temas que adelantaban el estilo de breaks y secuencias de palm muted saturado que definen el sonido de Enema of the State, como Hotdog in a Highway, Love Story, Liza o sobre todo Whathever Didi Wants, que incluso tiene los mismos acordes y progresión que las primeras estrofas de Dumpweed.

Han pasado ya 20 años de la publicación de ENEMA OF THE STATE, la obra maestra del punk pop de BLINK-182. Analizamos su influencia, sus virtudes y cómo lejos de ser un fenómeno aislado supo aglutinar las tendencias del punk y el hardcore de la época.

Tuitea esto

El sonido edulcorado y basado en canciones de amor, instituto y bromas pesadas tampoco nació de la nada. No solo la escuela Lookout de la era dorada del punk de los noventa —de dónde nació Green Day— tenía un buen puñado de grupos de punk más cercano al power pop como Queers, Mopes o Riverdales, sino que la escena ya había conocido hitos como el Life in general (1996) de MXPX, con cortes que podrían ser un paso previo a EOTS más apurado que el propio Dude Ranch, como Move to Bremerton. El grupo Nerf Herder, responsable de la banda sonora de Buffy la cazavampiros (1996-2003), había triunfado en Reino Unido con su Self Titled (1996), que ya mostraba un aligeramiento de carga trascendente a base de letras estúpidas y una pulcritud de melodías vocales, perfectamente decantadas de las pistas de guitarra distorsionada, y que adelantaban mucho de lo que conoceríamos como sonido Blink.

Pero si hablábamos de Queers y Lookout, la clase del sonido del disco y de la banda se puede rastrear con facilidad en la discografía de Screeching Weasel, de los que incluso hicieron una versión del tema The Girl Next Door, cuyo riff de inicio no deja de ser un ensayo de Man Overboard, un descarte de EOTE. Temas como My Brain Hurts, Cool Kids o You blister my Paint adelantan uno de los mayores aportes de Blink al género: la armonía de los cuatro acordes con arreglos de escala natural mayor, es decir, melodías solistas positivas, pegadizas, repetitivas y fáciles de tocar, que alcanzan su verdadera dimensión con una base de movimiento de acordes simples. Esto es comprobable escuchando temas de Screeching Weasel como Guestlist y luego Disentery Gary de Blink. Es tan obvia la fijación de DeLonge por el grupo de Ben Weasel que hasta lo replica de nuevo en el riff de The Adventure de su grupo actual AVA.

Los elegidos del pop punk

No solo Blink-182 no eran tan originales, sino que una buena cantidad de grupos que sacaron discos ese año o en fechas muy cercanas, como Size 14, Ataris, Fenix Tx o Bowling for Soup tenían un sonido similar: fresco, pegadizo y masticable como el chicle de fresa y nata. Sin embargo, ninguno de sus trabajos explotó de la manera que lo hizo EOTS. La acumulación de factores de éxito del disco es innumerable, pero la adición del batería de Aquabats, Travis Barker, fue un reactivo mucho más importante de lo que pueda parecer. En palabras de Tom DeLonge, incluir en la banda al hombre que se aprendió una lista de veinte canciones en cuarenta y cinco minutos fue «perfecto». Su estilo imposible de redobles en menos tiempo del que necesitas para pasar de un acorde a otro y su espectacular capacidad de cambiar inesperadamente de ritmo en medio de un compás, ralentizando o acelerando estrofas o estribillos, inyectando una dinámica única en la banda, definió al completo el estilo de Blink-182, creando una corriente que se copiaría hasta la extenuación.

Otro de los grandes factores de éxito fue la prístina producción de Jerry Finn, que ya era conocido como un productor de primer nivel, cocinero antes que fraile al formar parte del equipo de producción de Dookie (1994) de Green Day. Finn aplicó técnicas modernas de mezcla, pero editó los sonidos registrados con tecnología analógica en lugar del método digital que empezaba ya a ser dominante. Así, consiguió un crujido de guitarra intenso, dejando cuerpo para el brillo y combinado con un tratamiento del palm muted que aún ninguna banda ha logrado replicar, permitiendo que el sonido de deslizar de cuerdas baile sobre la masa distorsionada, a un volumen protagonista, consistente, como si ese racaraca seco y machacón también tuviera su personalidad y entidad propia.  

Caca, culo, pedo, pis

Es difícil no encontrar graciosa alguna de las mamarrachadas de Blink-182. Que un grupo popularizado por la televisión insinuaran que habían meado en el agua del perro en sus canciones es un signo de un gran avance social desde cualquier ángulo que se analice. El recordatorio constante de que crecer es un aburrimiento y que la mejor manera de demostrarlo es hablar de penes y vaginas como púberes de 13 años, molestaba tanto a los críticos como a los padres, que veían como sus hijos cantaban a todo volumen letras sobre ver porno, tener sexo telefónico, llevar ropa interior demasiado apretada o no llevarla.

Si en su día resultaron ofensivos su su humor anal, chascarrillos de adolescente y la actitud de no tomarse en serio nada de lo que estaban haciendo, hoy muchas de sus letras serían reexaminadas desde todo tipo de perspectivas que arrojarían un pequeño porcentaje de problemática falocéntrica, pese a no ser la musicalización de Porky’s (1982) que muchos recuerdan. Aunque sí representan el espíritu de fiestas, alcohol y dramillas de Universidad tan puramente americano, como una expresión similar a lo que fue Shout para Desmadre a la americana (1978).

La mayoría de canciones hablaba sobre relaciones plenas, en problemas o acabadas, desde una perspectiva con la que era muy sencillo identificarse, y una buena cantidad de rimas ingeniosas que Hoppus llegaría a desarrollar mucho más en sus canciones posteriores. Mientras, DeLonge sorprendía con Aliens Exist, plasmando una obsesión con la creencia en los extraterrestres que daría el primer indicio del giro más absurdo en su carrera en los últimos años, la participación del guitarrista junto a la NASA en la búsqueda de OVNIS y vida en otros planetas. También se atrevieron a tratar el tema del suicidio con la tristérrima Adam’s Song, poniéndose serios y arrojando luz sobre la salud mental cuando no era común abordarla, colocándola además como single y manteniéndose aún hoy como uno de sus mayores éxitos. Pero, incluso en los temas que no llegaron a conocer sencillo conseguían relacionarse con sus fans potenciales, conectando con todo un tramo de adolescentes y quinceañeros con decenas de líneas directas sobre rupturas difíciles, angustia juvenil perfectamente retratada en himnos como Going Away To College.

Todas las pequeñas cosas

El relevo escatológico de Bloodhound Gang —que también triunfaron ese año con un tema sobre fornicar como animales— les hizo coincidir en su alabanza de las actrices porno, y para seleccionar a su enfermera de portada eligieron a la estrella de cine para adultos Janine Lindemulder, que para la mayoría de mortales siempre será conocida como la cara de una de las portadas más icónicas de la historia del rock. Hay incluso disfraces de Halloween inspirados en ella y su alarde con el guante de látex azul. La actriz también aparecería en el vídeo de What’s My Age Again?,  con los tres músicos en cueros, y que conocería hasta dos autohomenajes en la carrera de la banda. Ese espíritu Jackass, tan de principios de siglo, incluía el no avisar a los bailarines de que la banda iba a aparecer desnuda, de ahí la sorpresa en sus caras, totalmente real, pese a que en realidad el desenfocado escondía un taparrabos delantero.

Casi la mitad, o la totalidad del éxito de Blink-182 y EOTS se debió a aquel vídeo y, sobre todo la mofa de otras estrellas del pop en el recordado vídeo de All The Small Things, en el que el trío se cachondeaba de los vídeos de boybands como Backstreet Boys o Sugar Ray, con una imitación de esos otros en la que, de paso, hacían premonición del fenómeno fan que estaba a punto de despertar. Los millones de visitas actuales del vídeo en youtube dan una idea de lo que significó mucho antes de que la plataforma existiera, pero lo que perdura en el imaginario americano es el tema en sí, siendo la clásica canción que podría sonar tanto en una discoteca como en un botellón de hoguera en la playa. Es difícil hacerse una idea de lo que ha calado en la cultura pop, pero si piensas en lo que significa Wonderwall para los británicos tienes la clave. El vídeo y otro material audiovisual de la banda fue crucial en la estética skate de los primeros años de los 2000, con Vans, calcetines altos a rayas y pantalones cortos Dickies hasta la pantorrilla, de tres tallas más grandes que la tuya a ser posible. La gorra hacia un lado ya era opcional.

El legado imposible

Si el éxito en números del disco no es tan difícil de cuantificar, no hay forma de valorar en su medida su impacto en la tradición musical americana y mundial con algo de rock o pop melódico. La cantidad de bandas que flirtearon con el sonido pop-punk después de EOTE han sido tocadas de alguna manera por las estructuras, arreglos o forma de cantar de Tom o Mark. Si actualmente muchos grupos incluso tienen nombres sacados de sus canciones, como Man Overboard, tan solo la estructura de su nombre fue casi un sello de identificación, desde Mi-6 o SR-71 a, por supuesto Sum-41. Podría hablarse de cientos de grupos con su impronta musical, como New Found Glory, Good Charlotte, Zebrahead, Simple Plan, All American Rejects, Saves the Day, Fall Out Boy, Panic at the Disco!, Brand New, My Chemical Romance, State Champs, Neck Deep, Yellowcard, o All Time Low, influidas por su punk pop animado pero emocional, y que llegó a evolucionar incluso en bandas como Paramore y todo lo sacado por Fueled by Ramen.

El lado intelectual, más indie, del sonido power pop, con Jimmy Eat World, Motion City Soundtrack, Taking Back Sunday, Get Up Kids a la cabeza, también recogió de vuelta el tirón comercial de EOTE. Incluso bandas consagradas o más comprometidas con el punk más puro como Offspring, The Vandals o Anti-Flag se empaparían de este sonido depurado y pop. Quizá el efecto onda más alucinante fue la reapropiación del propio engranaje pop, saltando al mundo de radiofórmula abiertamente con la creación de émulos adolescentes del sonido, con Avril Lavigne o Sky Sweetnam al frente, e incluso permitiendo que el disco Try This (2003) de Pink tuviera muchos cortes compuestos por Tim Armstrong y tocados por Travis Barker. En Reino Unido aparecerían Busted, un aviso de que la próxima generación de boybands tendían el ADN de All The Small Things y sus nanananas con One Direction y 5 Seconds of Summer recogiendo más la influencia de este álbum que las bandas que Blink parodiaba en el video, cerrando el círculo de forma implacable. La música pop sufrió tal transformación que incluso el Synthwave es deudor de la armonía y la simplificación repetitiva de las estrofas como una expresión de melodía pura. Incluso ha sido inspiración para raperos, en especial Lil Peep.

Es difícil establecer cuánto influyó EOTE en la actitud general de la primera mitad de los años 2000. El cine adolescente de esos primeros años parecía retroalimentarse de la energía del disco y el estrellato de Tom, Mark y Travis trascendió más allá de la música, con su cameo en la primera American Pie (1999). Junto con Mutt como parte de la banda sonora, marcaría una tradición inseparable en el cine de comedia adolescente, en el que la condición indispensable era una canción de alguna banda con distorsión y melodía pop, a poder ser con melodías recicladas de EOTS, el disco que incluso convirtiera a Blink en dibujos animados, apareciendo en Los Simpsons (1989-) y South Park (1997-)

Lo realmente espeluznante de que Enema of the State tenga hoy 20 años es que ni por asomo parece haya pasado todo ese tiempo. Que, pese a ser un disco de los noventa, marca el fin de una etapa y el comienzo de otra, reflejando muy bien el falso optimismo de una era en la que el mundo bailaría al son del terrorismo y las guerras del petróleo. Blink-182 son el equivalente moderno de los Beach Boys, no precisamente por su complejidad melódica, sino porque representan a la perfección el prototipo de chicos blancos de California, sin más preocupaciones que hacer surfskate en este caso— y hacer pop con naturaleza bubblegum.

Sin embargo, esa facción luminosa de la música se apagaría a base de atentados, crisis económica, desensibilización social y transformaciones en la forma de consumir cultura. Que su sonido siga resultando actual, sobreponiéndose a la dictadura de la sobreproducción de sintetizador y autotune, es una prueba de su inmortalidad. Es fácil que cualquier emisora de radio alternativa americana ponga alguno de sus hits de vez en cuando, al igual que no es difícil que suenen en algún evento deportivo, por no hablar de los servidores de youtube llenos de distintas versiones, tributos y ensayos de alguno de sus temas por usuarios comunes. No está mal para 35 minutos de música con chistes de pollas compuesta usando no más de cuatro acordes.

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